¿Cómo estás tú? Puede parecer una pregunta sencilla.

Pero, si llevas tiempo cuidando de un familiar, quizá haga demasiado que nadie te la hace. Y, lo que es más curioso, quizá también haga mucho tiempo que no te la haces tú.

Cuando una persona a la que queremos necesita ayuda, es normal que toda nuestra atención se centre en ella. Las consultas médicas, la medicación, las pruebas, las rutinas… Poco a poco, el día empieza a organizarse alrededor de sus necesidades. Sin darnos cuenta, casi todo gira en torno a cómo está, qué necesita o qué puede ocurrir mañana.

Mientras tanto, tus propias necesidades van quedando para después.

Siempre para después.

No suele pasar de un día para otro.

Es algo mucho más silencioso.

Un día dejas de salir a caminar porque no te da tiempo. Otro cancelas ese café que llevabas semanas intentando organizar. Cualquier ruido basta para despertarte, por si la persona que cuidas te necesita. Y, aunque consigas volver a dormirte, ya no descansas igual.

Y llega un momento en el que responder «estoy bien» sale casi de forma automática, aunque hace tiempo que no te has parado a pensar si realmente es así.

Quizá incluso hayas llegado a creer que es lo normal.

Que ya descansarás más adelante.

Que ahora no toca pensar en ti.

Lo cierto es que cuidar es una de las mayores muestras de cariño que podemos ofrecer. Pero también supone un esfuerzo continuo. No solo físico. También emocional. Por eso, desde hace años, diferentes estudios recuerdan algo que a menudo pasa desapercibido: el bienestar de quien cuida influye también en la calidad de los cuidados que puede seguir ofreciendo.

Y eso no debería hacernos sentir culpables.

Al contrario.

Nos recuerda que tú también formas parte de esta historia.

A veces pensamos que cuidarnos significa hacer grandes cambios. Tener un fin de semana libre, irnos de viaje o disponer de mucho tiempo para nosotros. Pero casi nunca empieza así. Muchas veces alcanza con algo mucho más sencillo: aceptar unas horas de ayuda, salir a dar un paseo sin mirar el reloj, leer un rato, llamar a un amigo o tomarse un café con la tranquilidad de saber que, mientras tanto, tu familiar está bien atendido.

Pequeños momentos.

Que no solucionan todo.

Pero ayudan a seguir.

En Amanecer Cuida de Ti conocemos a muchas personas cuidadoras. Personas que lo dan todo cada día y que rara vez hablan de sí mismas. Cuando les preguntamos por su familiar, saben responder al detalle. Sin embargo, cuando la pregunta cambia, muchas veces aparece un silencio.

Quizá porque nadie se la había hecho antes o quizá porque hacía demasiado tiempo que no encontraban un momento para responderla.

Hoy no queremos preguntarte cómo está tu madre, ni tu padre, ni tu pareja, ni esa persona a la que acompañas cada día.

Hoy la pregunta es para ti. Sin prisa. Sin sentir que tienes que contestar «bien».

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Nuestro compromiso

En Amanecer Cuida de Ti creemos que cuidar también empieza por comprender.

Por eso compartimos información útil, basada en la evidencia científica y explicada de forma sencilla, para ayudar a las familias a cuidar con más tranquilidad.

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